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A pleno sur, La Châtaigneraie

Situada en el suroeste del Cantal, la región de La Châtaigneraie ondula por praderas entrecortadas de monte bajo, antes de abrirse bruscamente en la ribera del río Lot. Durante mucho tiempo considerada como una tierra ingrata, mantiene sin embargo, el verdadero placer de vivir.

La Châtaigneraie forma parte de la corona de regiones que ciñen la parte frontal de los Montes del Cantal. A pleno sur, fuera de todo nexo con el gran volcán, se ofrece al mismo sol que las Causses de l’Aveyron y Maurs-la-Jolie, que se precia de ser la “pequeña Niza del Cantal”.

 

Paisajes intactos por descubrir

Esta región posee una identidad singular cuya geografía, a primera vista, no ayuda a penas a acotar. Sus carreteras tortuosas lo destacan, se trata de una región entrecortada, donde los afluentes del río Cère y del Lot corren como sobre un tejado, siguiendo el lado de la pendiente de La Châtaigneraie conocido como gris, puesto que sus casas están tradicionalmente cubiertas de lajas de pizarra, y, en la parte opuesta, el de La Châtaigneraie roja, por el color de las tejas acanaladas antiguamente producidas en la cuenca de Maurs.

 

Marcoles
Marcoles

En ambos casos, el decorado resalta la belleza de los pastos de una ganadería bovina dedicada al engorde y la producción lechera, a falta del emblemático árbol que da nombre a la región, el castaño.

 

Patrimonio de La Châtaigneraie

En concreto, pueblos como Marcolès, ataviado de granito amarillo y tejas acanaladas, animado por sus artesanos, conserva una parte de sus murallas y una iglesia de estilo gótico meridional.

La historia de Laroquebrou se ha escrito, obviamente, en torno a su viejo puente sobre el río Cère y del castillo que lo defiende en lo alto de un bancal. Montsalvy, heredero de una salvedad, muestra en un estrecho perímetro, un castillo, la abadía, los edificios del convento y las casas medievales. Por último, Maurs-la-Jolie, por su parte, creció en torno a una abadía benedictina de la que queda el abadengo de Saint-Césaire, donde se guarda un notable busto relicario románico de su santo patrón.

Fiel a su pasado, La Châtaigneraie se afirma a través de dos nombres que florecen en el sur del Cantal, Birlou y Mourjou. El primero es un sabroso licor a base de manzana y castaña, en cuanto a Mourjou, es la capital de la castaña y de sus declinaciones, desde el paso del injerto hasta las degustaciones de pélou (crema de castaña y vino blanco de Fel), o de pélou-tonic, el equivalente al pélou lo que el kir royal es al kir (mezcla de sirope y vino blanco). Como en el caso de numerosas recetas modernas, estas bebidas nacieron durante la feria de la castaña de Mourjou, una manifestación celosamente conservada y que atrae a unas veinte mil personas en este pueblo de trescientos cincuenta habitantes.

 

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